La exquisita ruta del Mole

24 julio, 2015 - Horacio Comonfort

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El mole es una de nuestras comidas más tradicionales y existen alrededor de 300 variedades en México, y que mejor manera de degustar este emblemático platillo que recorriendo la Ruta del Mole. Recorrerás los hermosos estados de Tlaxcala, Puebla y Oaxaca, que son reconocidos en la República por la elaboración de este platillo centenario.

 

Además, en el camino encontrarás mercados de diferentes variedades, ciudades coloniales, paraísos olvidados, historia y tradición impresa en cada rasgo cultural. Aquí te dejamos la Ruta del Mole que no dejará de deleitarte y sorprenderte.

 

 

           1. Tlaxcala

 

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Comenzamos esta ruta con el estado de la República Mexicana más pequeño, Tlaxcala. Aunque su tamaño es reducido, Tlaxcala tiene cosas increíbles que ofrecernos, como la hermosa arquitectura colonial de su capital, sus fantásticos poblados, zonas arqueológicas y sobretodo sus exquisitos platillos típicos; uno de ellos el mole.

 

Los tipos de mole más conocidos son el prieto, el rojo y el verde o rojo de pepita, llamados pepianes o pipianes, todos provenientes de la época prehispánica. Y es que desde la época de los aztecas, el mole en Tlaxcala se utilizaba como una comida ritual en honor a la diosa Toci, Diosa de los Textiles y de La Salud. También, no olvides probar los deliciosos “muéganos” de Huamantla.

 

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           2. Puebla

 

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Nuestra segunda parada es la colorida ciudad de Puebla. Seguramente has degustado de un buen mole poblano; lo que quizá no sepas es que existen alrededor de 50 variedades de mole, sólo en la zona de Puebla. Esta hermosa ciudad, Patrimonio de la Humanidad, es una experiencia gastronómica, turística y de aprendizaje increíble, dedicada a aquellos aventureros que viven y disfrutan de la riqueza cultural y turística de México.

 

Si puedes, te recomendamos consumir en los establecimientos de: La Fonda Santa Clara, La Mexicana, La Casa de las Muñecas o La Casita; ¡No te decepcionarán!

 

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            3. Cholula

 

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Nuestra tercer parada continúa en Cholula Puebla, declarado como Pueblo Mágico, y no sin razón. La ciudad fue fundada por grupos toltecas que fueron exiliados de Tula cerca del año 500 a.C., lo que la convierte en una de las poblaciones vivas más antiguas de América. Además, puedes visitar los restos de una antigua (y enorme) pirámide prehispánica, y ¿Sabías qué? Hay tantas iglesias y templos en Cholula que se dice que hay uno por cada día del año.

 

La comida de Cholula no se queda atrás; cuenta con una buena oferta gastronómica que va desde las tiendas gourmet hasta restaurantes de cadenas internacionales. ¡No puedes irte sin desayunar en el mercado! Los lugareños utilizan ingredientes frescos para preparar antojitos típicos como sopes y quesadillas, ¡así como el mole poblano!

 

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           4. Oaxaca

 

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La segunda parte de esta ruta empieza en la capital del estado de Oaxaca, Oaxaca de Juárez.  Y  es bien conocido que tiene el mejor mole negro, no se digan de los tamales… y que no se te olviden las tlayudas o el chocolate.

 

Aquí te dejamos otros diferentes tipos de mole, que podrás disfrutar en Oaxaca: Mole amarillo (quizá el más exótico, con miltomate, cebolla, comino, ajo y hierba santa), mole verde (el sabor herbal de este mole es gracias al epazote, chile verde y comino), mole rojo (¡El más picante! Lleva guajillo, chocolate y canela), entre otros.

 

Te recomendamos el mercado Benito Juárez o los restaurantes Los Pacos y Casa Oaxaca, así como acompañar los alimentos de la bebida típica de esta región: el mezcal.

 

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          5. Monte Albán

 

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Nuestra penúltima parada es un sitio arqueológico, que se encuentra a 10 km de la ciudad de Oaxaca y fue inscrito en 1987 en el registro del programa Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. El lugar se encuentra sobre un cerro cuya cima fue aplanada por los mismos zapotecas, que después sería un lugar ocupado por otras culturas; sin embargo la mayoría de los templos y edificios existentes son pertenecientes a la época en la que la habitaron los zapotecos.

 

Verdaderamente es un lugar que vale la pena conocer y no sólo porque es el centro ceremonial más importante de la cultura Zapoteca, sino también, porque encontrarás comida exquisita que desearas jamás haberte perdido.

 

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